viernes, 29 de agosto de 2014

Castigo

Estoy muy nervioso. Es la primera vez que voy a cenar con los papas de mi novia.
Toco el timbre, y en 3 segundos salé el hermano menor de Sarah.
–Hola, Martín.
–Hey, César, pasa.
–Gracias.
Entró a la casa, y un aroma muy delicioso invade mi nariz.
–Mi hermana ha estado arreglandose como desde hace 2 horas.
–Y aún no esta lista?
–No, eso creo.
–Hey, muchacho!– Su papá, sale de la cocina. Es más alto que yo, yo estoy alto, pero el ha de llegar al 1.90 m. Lleva puesta una camisa a cuadros, con unos pontalones de mezclilla. ¡Que bueno que no me puse el traje!.
–H-Hola s-señor Domínguez.– Tranquilízate, Cesar, no te pongas nervioso.
–Ven, tenemos que hablar.
–Con gusto, señor. Sólo dónde dejo estas flores y este pastel.
–Permiteme. Monica! Ven, cariño.–Grita.
Salé la mamá de Sarah. Es chaparrita, delgada, con el pelo hasta el hombro, rubia. Lleva un vestido floreado hasta las rodillas y unos tacones altos verdes.
–Recibele al muchacho, las flores y el pastel.
–Haber, damelas, César.– Le entrego las flores y el pastel.– Qué guapo te vez hoy.
Me sonrojo un poco. En serio creé eso? Sólo llevo una camisa cuadrada roja, y unos caquis cafes
–Gracias. Usted tambien se ve muy bien, señora Domínguez.
–Llamame Marta.– Me corrige.
–Esta bien, Marta.
Ya he hablado con ella antes, así que me relajo un poco al hablar con ella.
–Ya basta de cumplidos– Nos interrumpe el señor Domínguez.– Ven, tengo cosas de que hablar, antes de que baje mi hija.
De qué cosas querra hablar. 
–Es-sta bien, señor.
–Ven, pasa a mi oficina.
Se voltea y comienza a caminar. Avanzo detras de él.
Estoy que me muero de nervios, jamas he hablado con el papá de Sarah. Tranquilizate, César! Me regaño.
Llegamos a su oficina. Es muy grande, tiene un librero detras de su escritoria, en su escritorio tiene una Mac y muchos papeles acomodados en una pila. Tiene una silla de piel, detras del escritoria, y dos sillas enfrente. Se sienta en su gran sillon, y extiende una mano en señal de que tome asiento. Me siento.
–Veras, mi hija te ama, y nunca para de hablar de tí.
–Bueno...
–Espera. Tu no eres buena persona para ella– Qué? Aprieto mis manos en mis piernas, hasta que mis dedos se tornan blancos.
–Señor, yo no...
–Cállate. Tú no puedes salir con ella. Así que mejor terminas con ella o te corro de esta casa.
–Yo la amo.
–Blah, blah, amor. El amor no existe! Tu pronto la hara sufrir y no quiero que ella pase por eso.
Me paro echo una furia. Él también. 
–.Usted no puede escojer con quien si o no sale su hija!.
–¡Si, como tu dijiste, "Mi Hija" así que yo digo lo que tiene que hacer!.
–Ya no estamos en el siglo diecinueve, señor, ella puede escoger con quien salir.
–¡ES MI HIJA!
–¡ES MI NOVIA!
–¡LARGO DE ESTA CASA, NO ERES BIENVENIDO!.
Estoy apunto de soltarle un puñetazo, pero me contengo.
Me doy medi vuelta y abro la puerta. Esta Sarah, parada en las escaleras.
–Para qué te quería mi papá.
Le doy un beso en la boca, y me despido de ella.
–Depidete de tu mamá, de mi parte, Sarah.
–Qué, por qué, a dónde vas?
–Tu papá, no me quiere en tu casa.
–Qué?
–Adios.
Camino hacia la puerta, y ahí esta su hermanito, Gera.
–Adios, Gera, cuida a tu hermana.
–Por qué tan pronto César? 
Le doy un abrazo, y lo despeino con mi mano.
Salgo por la puerta y la azoto. Camino hacía mi carro, se escucha que la puerta se abre.
–César, espera!–Me subo al carro, cuando volteo para decirle adios a Sarah, su papá aparece y la mete.
–¡No vuelvas!– Grita.

Llego a mi casa, mis padres estan de vacaciones, esta todo apagado y oscuro. No prendo ninguna luz, hasta que llego a mi cuarto. Qué demonioes le hice al señor Domínguez, siempre trate bien a su hija, la lleve a su casa a la hora que el decia, nunca le falte el respeto, esta loco!.
Me quede dormido pensando en muchas formas de convencer al señor Domínguez, que soy buena persona para su hija.
Al despertar algo no estaba bien, ya no estaba en mi cuarto.
Qué, dónde estoy?. Me rasco los ojos, para ver mejor, y veo que estoy en la oficina del señor Domínguez.
–Qué hago...– Esa no es mi voz, suela más gruesa.–...aquí.
Me levanto, me siento más pesado. Bajo mi vista y sólo llevo los pantalones, como los que llevaba el señor Domínguez anoche. Llevo el torso descubierto.
Toco mi nuevo y peludo cuerpo.
Qué me paso? Se abre la puerta y entra Gera, en su pijama de Superman.
–Papi, me puedes leer un cuento, no puedo dormir.
Papi? Acaso me he convertido en el señor Domínguez?
–Gera?
–Si, papi?
Voltea a ver el reloj que esta en el escritorio, marca las 3 AM.
En la pequeña parte de metal, al rededor del reloj, capto mi reflejo y veo al señor Domínguez. Tocó mi cara, siento la baraba, subo hasta mis cabeza y siento el poco pelo que tiene. 
–Sabes quién soy?– Le pregunto a Gera.
–Si, mi papá. Me podrias leer un cuento por favor.
–Dile a tu mamá.
–Ya le dije, pero esta dormida y no se quiso levantar.
–Bueno, vamos.– Qué puedo perder.
Camino hacía la puerta, pasando por un lado de Gera. Me volte cuando estoy en la puerta, cuando veo que no me sigue.
–Qué esperas?– Le digo. Extiende sus brazos, en señal de que lo carge.– Puedes caminar.
–Papi.– Pone cara de perrito triste.
Ahh! Me acerco a él y lo lavanto, para sentarlo en mis brazos. Lo pude cargar más facil.
–Por qué no llevas camisa papi?–Me pregunta.
–Porque... No sé.
Mueve sus hombros de arriba a abajo, me rodea con sus brazos, el cuello, y recarga su cabeza en mi pecho.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Siento una bonita sensación, una sensación como cuando quieres mucho a tu hijo. Qué, yo qué sé de eso, no tengo hijos.
Llegamos a su cuarto y lo acuesto en su cama. Lo cobijo, como mi mamá solía hacer conmigo, cuando era pequeño. Le leo el cuento de los tres cochinitos, hasta que se quedo dormido. Que lindo se ve mi hijo... Pero qué me pasa.
Salgo de su cuarto. Qué voy a hacer?
Voy al la sála, y tomo el teléfono. Marco a mi celular pero, me manda al buzón al tercer tono.
Por qué no me contestara? El habrá hecho esto? Vuelvo a marcar. Al primer tono cuelga. Qué, por qué hace esto? Tengo que seguir insistiendo. 
–Qué quiere, señor Domínguez?– Escucho mi voz, sigue dormido.
¿Por qué me llama señor Domínguez?.
–Señor Domínguez, es usted?
–Esta enbrio, señor?
–No... Con quién hablo?– Haber que puedo obtener.
–César–Me lo dice con un tono de sarcasmo–.Me llama a las 3:43 de la madrugada, para qué, señor? Quiere seguir diciéndome que no merezco a su hija?
Me quedo en shock, qué... Si yo estoy aquí, dónde esta el señor Domínguez?
–Señ... Digo, César, no te ha pasado nada raro esta noche?
–No, sólo que me corrió de su casa.
–Ah, esta bien. Perdón por haberte despertado.
–Espero que piense mejor lo de su hija, señor. Hasta luego.
–Adios.
Pero qué demonios! Sólo yo estoy en el cuerpo del señor Domínguez, y yo sigo en mi cuerpo, no ya no entiendo, necesito dormir. Alto, pero donde me voy a dormir, me ire a acostar a su cama con la señora Marta. Bueno, tengo que probar, si no van a sospechar.
Estoy parado enfrente de la puerta del cuarto del Señor y Señora Domínguez. Abró la puerta, ahí esta la Señora Marta acostada. Uff, esto es muy incomodo. Prende la lampara, que esta en el buro de su lado.
–Qué haces aquí, Rodrigo, te dije que no puedes dormir en la cama hasta que le pidieras una disculpa al pobre muchacho.
Ahora veo porque estaba tan noche en la oficina.
–Ah...
–Has hecho llorara a tu hija, y por qué, nadamas porque no te cae bien el muchacho. No te entiendo, Rodrigo. Siempre trato bien a Sarah, siempre te la trajo a casa a la hora que le decias, es un buen chico. Antes di que no te corrí de la casa, porque lo que hiciste estuvo muy mal, MAL, Rodrigo.
–P...–Cierro la puerta, y ella sigue gritando. Me bajo a la sála y veo las llaves de su auto. Podria ir a dar una vuelta, y despejar mi mente, y descubrir como me ha pasado esto. No alcanzo ni a tomar las llaves, cuando un profundi sueño me invade y me quedo dormido en el sofá.
Me despierta un rico aroma de café, intento abrir mis ojos pero no puedo, qué qué me esta pasando? Intento mover mi cuepro y no puedo, he muerto!. Mis ojos se abren y me intento mover, pero no puedo mover ningun músculo. 
–Cómo llegue a la sála?.– Muevo mi boca, sin querer, es como si fuera un pasajero en este cuerpo.
"Qué rico huele" Qué, el señor Domínguez esta pensando, bueno es su cuerpo, pero como puede estar pasando esto. "Siento que me sobre pase con ese pobre muchacho" Si, te portaste muy mal conmigo, hijo de puta!!
Se rasca su entepierna y siento, siento todo, todo lo que toca, es como si fuera todavia yo pero no lo puedo controlar. Se huele la mano, que asco! "Rico olor a mañana" que asco señor!.







C O N T I N U A R A . . .

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Me Encanto Esta Historia En Serio, Bueno Todas Me Gustan Pero A Esta No Le Has Dado Una Continuación, Espero Que Lo Hagas Pronto, Sigue Asi!😉 PD: Me Encantaria Si Le Des Tematica Gay A La Historia Please, Saludos Desde México

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